sábado, 31 de diciembre de 2016

¡ADIÓS, 2016!



Adiós, 2016, vete para siempre...
¡Y NO VUELVAS!

jueves, 29 de diciembre de 2016

¡CULPABLE!

Monumento a Giordano Bruno en Campo di Fiori (Roma)

La tumba de su verdugo, San (?) Roberto Belarmino en el Gesú (Roma)


En la Tertulia de ayer el tema era "Culpable" y yo presenté esta narración que espero os guste. Aunque en el texto no se mencionan nombres, está claro que los dos personajes son Giordano Bruno y San Roberto Belarmino, Consultor Apostólico (Juez Instructor del proceso), canonizado en 1930.

EL CULPABLE.
            El fraile herético había sido declarado culpable del peor delito que la Iglesia de entonces castigaba, no con la muerte, puesto que hipócritamente sostenía que “la Iglesia aborrece la sangre”, sino con su entrega al brazo secular, que era el encargado de castigarlo de la manera más conveniente, que, por cierto, siempre era la muerte en la hoguera; porque la hoguera tiene, como cantaría siglos después el genial Javier Krahe “un qué sé yo, que solo lo tiene la hoguera”. Y es que el espectáculo edificante formaba entonces una parte fundamental de la institución religiosa. Sin embargo, el acusado, cuando oyó la sentencia del Santo Tribunal, había respondido insolente: “Maiori forsam cum timore sententiam in me fertis, quam ego accipiam”, o sea: “Pronunciáis vuestra sentencia con más miedo del que yo siento al escucharla”. Así… con dos cojones.
            Y es que el fraile herético no era cualquier infeliz. Lo de menos, para el Cardenal Juez Instructor, eran sus afirmaciones de que las estrellas son soles como el nuestro, rodeados de planetas habitados por gente como nosotros. No, eso podía ser calificado como craso y absurdo error filosófico, pero no como herejía peligrosa. En cambio, su concepto panteísta de un Universo infinito y eterno que es el cuerpo de Dios; y de Dios, como alma de ese Universo; del átomo, como unidad mínima e indivisible de alma y cuerpo; de la identidad de los seres según las formas en que se organiza la materia atómica; de la eternidad del Espíritu Universal al que todos pertenecemos en una realidad grandiosa, donde la muerte no es más que una anécdota; todos esos postulados eran los que irritaban a los teólogos del Santo Oficio, porque presentaban un Dios infinitamente más grande y maravilloso que el limitado, celoso y cruel Señor al que ellos decían representar. Y les resultaba intolerable que el reo pretendiese superar la religión oficial con una idea tan por encima y tan fuera del control de los administradores morales del castigo y el perdón. No lo podían consentir. Por eso lo habían declarado culpable de ser, a más de un repugnante hereje, un temible heresiarca.
            Ahora, el Cardenal se sentía necesitado de confirmar la culpabilidad del filósofo con cualquier señal significativa, y espiaba su martirio desde una discreta ventana de la torre más alta de su palacio. A esas horas de la madrugada, cuando las llamas iban a contrastar con un cielo todavía cuajado de estrellas invernales, el condenado, desnudo, era atado al poste, sobre la pira. No podría manifestar al pueblo sus perniciosas teorías, dado que una escarpia sujeta a su boca le atravesaba la lengua, no fuera a convencer a algún ingenuo, o a algún pecador en potencia, de unos argumentos que, de creerse ciertos, se resolverían en una inversión de la culpa. Porque entonces, alguien podría pensar en él como la víctima de unos jueces prevaricadores.
            -¡Besa, besa la cruz, maldito arrogante! – gritaba el Cardenal para sí, cuando vio que el hereje rechazaba el crucifijo que le ofrecía un sacerdote; mientras el verdugo se acercaba ya, indiferente, con una antorcha encendida en la mano. Porque besar la cruz hubiera sido un gesto de arrepentimiento que confirmaría su culpabilidad. Entonces, generosos, los clérigos presentes hubieran autorizado al ejecutor a que lo estrangulara antes de que padeciese los dolores terribles de la cremación. Pero aceptar la culpabilidad significaba absolver a los jueces; y eso era algo que el condenado no les concedería. No había llegado hasta allí para perder la integridad por miedo al dolor.
            Entre el público expectante había una bellísima mujer atormentada por la pena de ver consumirse en el fuego a su amado. El fraile la vio desde lo alto de la pira y, desgarrando definitivamente su lengua, gritó por encima de todas las cabezas:
            -¡Giulia! ¡Giulia! ¡Amore mío…! – y después recuperó la serenidad y esa enorme dignidad con la que murió desafiante, firme y silente entre las llamas.

            Y el Cardenal, aunque nunca lo confesaría, ni siquiera a sí mismo, se vio culpable; y se sintió pequeño y asqueroso como un gusano.   
                                                                                               Miguel Ángel Pérez Oca.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

¡ÚLTIMAS NOTICIAS! ¡LOS AMERICANOS NO FUERON LOS PRIMEROS EN PISAR LA LUNA!

Por fin se ha desvelado el misterio. Neil Amstrong no fue el primer humano en pisar la Luna. Fuentes fidedignas han publicado al fin la auténtica fotografía del primer hombre en nuestro satélite. Se llamaba Nelo Fortbrás y pronunció la famosa frase: "Este es un pas xicotet per a un home, pero un salt de xagant per a Catalunya". En 1969, Franco prohibió su publicación y la censura manipuló la foto, sustituyendo la Senyera por la bandera norteamericana y traduciendo la frase al inglés. La NASA consintió dicha manipulación informativa por miedo a que España declarase la guerra a Estados Unidos y recuperara Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Texas, Nuevo México, Montana, Florida y California. Los soviéticos, cuyo servicio de espionaje conocía la verdad, también la consintieron para evitar que Franco les mandase de nuevo a la División Azul. 
La base de lanzamiento del cohete Monturiol V, que llevó a la Luna a la nave Perdigot, estaba instalada en las afueras de Vilanova i la Geltrú, administrada por la Pirotécnica del Vallés, de los hermanos Capdevila, que a cambio de su silencio recibió el Primer Premio de Mascletás en las Fallas de Valencia de 1970 y de Fuegos Artificiales de las Fogueres de Sant Joan de Alicante del mismo año.
Los compañeros de Fortbrás eran los astronautas Collóns y Pujol, que posteriormente se dedicaría a la política. Y según algunos rumores no confirmados, Nelo Fortbrás llevaba en un bolsillo una pequeña estelada que hoy conserva el señor Rufián.


¡INOCENTES, INOCENTES...!

PUTO 2016



Vaya año estúpido y desgraciado. Como ha dicho una famosa cantante "A ver cuando 2016 se va a la mierda". Se han muerto Leonard Cohen, Fidel Castro, la princesa Leya de la Guerra de las Galaxias, George Michael, cantantes, famosos astros del cine, científicos... Y menos mal que Kirk Douglas ha cumplido cien gloriosos otoños; es la excepción que confirma la regla. Porque en España, a pesar de las alegrías que nos dan Carmena y Ada Colau, la Historia se ha detenido durante todo un año con repetición de elecciones en las que este desgraciado pueblo con Síndrome de Estokolmo Franquista ha ido eligiendo al PP de forma creciente... En el seno de los partidos de izquierda (Podemos) y de centro izquierda (?) (PSOE) hay mar de fondo y luchas intestinas. Las nuevas políticas se revelan tan viejas como las intrigas venecianas o de tiempos de Calígula y Claudio. La tontaina de Susanita alardea de aspirante a la Secretaria General del "partido aternativa" que va a gobernar sin necesidad de coaligarse con los podemitas, por los que siente repeluznos de señorita andaluza. El mesiánico Pablo Iglesias II pide perdón ahora por la vergüenza que nos ha hecho pasar a todos con sus enfrentamientos incómodos con el posibilista Errejón, pero más que pedir perdón parecía que estaba amenazando con aquello de "O yo o el caos", del viejo general Degaulle. Y los izquierdosos irredentos lloramos la puñetera tendencia cainita de nuestras formaciones de izquierdas, plagados de puros y virginales profetas de lo imposible. Y Rajoy se frota las manos y se cisca con la Ley de la Memoria del genocidio franquista, que promulgó el tímido Zapatero, mientras a su ministro de las pelas, el ínclito Montoro, le entra la risa cuando nos dice que no va a hacer más recortes y que va a bajar los impuestos. Y los independentistas catalanes y los patriotas españolistas retroalimentándose y hartándose de mutuos rechazos y líneas rojas, mientras la democracia se viste de lagarterana y la general corrupción se esconde detrás de las sagradas banderas... Y mientras, en la Europa del Brexit, los enemigos xenófobos y criptofascistas de los refugiados celebran cada atentado de los integristas islámicos; porque cada litro de sangre europea vale muchos votos de extrema derecha en futuras elecciones... Y Rusia probando armas de última moda en Siria... Y para colmo, los idiotas estadounidenses, esos de la Biblia, la escopeta, el sombrero vaquero y la música country, van y votan al mamarracho Trump, el de la tortilla francesa en la cabeza y el boñigo intracraneal. Y siguen las guerras, el hambre, el capitalismo salvaje, los economistas amaestrados y tontos del culo, las religiones excluyentes, los patriotismos egoístas, en un Mundo donde debería haber de todo para todos...  ¿Qué nos traerá 2017? Pues con el material que le ha dejado 2016, nada bueno...
¡Puto año! 

UNA TRIPULACIÓN HEROICA




El 19 de noviembre de 1939, un submarino nazi, el U57 comandado por el capitán Claus Korth, cometió una de sus muchas felonías al torpedear un buque mercante desarmado en el Mar del Norte. El buque de matrícula de Londres "Stanbrook" con sus 20 tripulantes al mando de "master" (capitán) Archibald Dickson, se hundió en pocos segundos arrastrado con él a todos los avezados marinos que lo servían. Todos murieron.
Unos meses antes, en la noche del 28 de marzo de 1939, el capitán Dickson y sus hombres habían protagonizado la más hermosa gesta de nuestra Guerra Civil. Despreciando las ganancias que les iba a reportar el transporte de un importante cargamento de azafrán y tabaco, el capitán y sus hombres se apiadaron de los miles de personas desesperadas que se apelotonaban en los muelles alicantinos en una vana espera de barcos que los llevaran a un exilio doloroso, pero menos trágico que su captura por los franquistas que querían exterminarlos.
El Stanbrook navegó con grandes riesgos y una sobrecarga de nada menos que 2638 refugiados, combatientes, mujeres, niños y heridos, hasta Orán, donde las autoridades francesas los recibirían con muchas reticiencias y un trato inhumano. 
Mese más tarde, cuando llegó al norte de África la triste noticia de la muerte de Dickson y sus hombres, los españoles confinados en campos de trabajo de Argelia y Sahara guardaron un respetuoso minuto de silencio.
Hoy día, en el Memorial Tower de Londres, hay un monumento recordatorio de todos los marinos mercantes británicos muertos en la II guerra Mundial. Entre los homenajeados figuran los 20 tripulantes del heroico buque Stanbrook, que mi sobrino Arturo fotografió en un reciente viaje.
Son los siguientes, a los que debemos el respeto y la admiración que despiertan los héroes:

TRIPULACIÓN DEL BUQUE STANBROOK.
(Hundido el 19 de noviembre de 1939 en el Mar del Norte)

Capitán (Master).- Archibald Dickson.
Abdullah Ahmed
Ahmed Ahmed
Ali Ahmed
A. Andi
F. Atkinson
V. J. Begas
M. Bey
R. Briggs
R. Charlin
W. Clark
C. L. Francis
M. García
D. W. Hughes
O. Johansen
H. Lillystone
M. Nagi
J. Nearchou
W. Oldakoff
D. A. Tagg

Alicante debe un sentido reconocimiento a estos valientes marinos. El paseo elevado del puerto debería llamarse "Paseo del Capitán Dickson" y el muelle que ahora es la Zona Volvo "Muelle Stanbrook", así como nuestra ciudad debería hermanarse con Cardiff, ciudad natal del capitán y de alguno de sus tripulantes. Son gestiones que lleva a cabo la Comisión Cívica de Alicante para la recuperación de la Memoria Histórica, con el apoyo de todos los alicantinos de bien.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

martes, 13 de diciembre de 2016

COLILLA


En esta ocasión, el tema de la tertulia era "Burla" y yo he rescatado de mi memoria infantil un personaje que se esforzaba por mantener su dignidad herida, en plena posguerra, y que era blanco de las burlas de los niños de mi calle, entre los que, lamentablemente, me incluyo:

“COLILLA”
            A lo largo de toda mi vida he sentido pena por muchas personas, pero nunca tanta como por “Colilla”. Yo era entonces un niño travieso que militaba en la panda de golfillos de la calle Juan de Herrera, enemigos irreconciliables de los de la vecina calle del Padre Mariana. A menudo nos retábamos a batallas campales en las faldas del Tossal, a la sombra del castillo de San Fernando, donde nos liábamos a pedradas de las que, de ordinario, resultaba alguno con una brecha sangrante en la cabeza. Éramos unos salvajes, producto de la violencia, aún latente, de la Guerra Civil terminada hacía solo unos pocos años. Todavía teníamos en la cárcel a alguno de nuestros parientes, condenado por su pasado republicano. Y entre los chicos mayores del barrio, había varios huérfanos con padre fusilado o muerto en combate. Así que, en nuestros juegos, reproducíamos los enfrentamientos que habían arruinado a nuestras familias y a nuestro país. Pero, en una cosa siempre nos poníamos de acuerdo: en hacer burla de “Colilla”.
            “Colilla” era un hombre alto, de ademanes distinguidos y léxico culto, que arrastraba su desgracia bajo unas ropas raídas que antaño fueron de calidad. Antes de la guerra debió ser todo un personaje. Yo me lo imaginaba como alto funcionario, abogado, catedrático o político vencido, humillado y abandonado a su suerte en la calle hostil. Llevaba la ropa andrajosa, sí, pero muy limpia; y su rostro demacrado se escondía bajo una gran cabellera blanca, bien peinada. Los zapatos, un día elegantes, iban reforzados en las suelas con cartones de los que asomaban unos calcetines granate llenos de agujeros. Un amplio gabán muy desgastado ocultaba el viejísimo traje gris con remiendos en codos y rodillas, y bajo él, un chaleco destrozado y una camisa deshilachada, con corbata muy bien anudada pero tan vieja y descolorida como todo lo demás. Su andar, que antes debió ser majestuoso, era ahora el de un hombre encorvado por una vejez temprana y avergonzado de sí mismo. Vivía de la caridad de algunos vecinos que debían conocerle de otros tiempos y lo trataban con respeto: el señor Pascual, de la tienda de ultramarinos, que le preparaba algunas mañanas un bocadillo de sobras de caballa; López, de la mercería, que le daba monedas de perra gorda a escondidas de su mujer; don José, el relojero tullido, que a veces, en la tarde, lo convidaba a una taza de malta con paparajotes. Porque él no era capaz de pedir limosna abiertamente, pregonando a voces su miseria, como hacían otros por las calles y plazas.
            Cuando veía una colilla en el suelo, miraba a ambos lados, con miedo de ser descubierto, y se inclinaba rápidamente a recogerla y guardársela; de ahí su mote: “Colilla”. Después, en la cueva donde moraba, decían los mayores que se liaba cigarrillos de segunda mano para el día siguiente. Pero no siempre lograba su propósito de no verse sorprendido en tan lamentable empeño, pues nosotros, los diablillos de Juan de Herrera y Padre Mariana, lo espiábamos desde las esquinas, y en cuanto se agachaba le gritábamos con toda la fuerza de nuestros pulmones: ¡Colilla, Colilla, Colilla…!
            Y él se alzaba de inmediato, tratando de recuperar su maltrecha dignidad, y nos recriminaba con un lenguaje trasnochado: “Son ustedes unos groseros. Sus padres deberían educarlos mejor. No tienen ustedes respeto por las personas mayores…”
            Y a mí, ya entonces, me daba una pena enorme, que disimulaba para no hacer el ridículo ante mis crueles e insensibles compañeros de trastadas.
            Un día, “Colilla” dejó de venir por el barrio. Se comentó que lo habían detenido por alguna vieja cuenta política pendiente y que estaba otra vez en prisión - quizá murió allí -, y no lo vimos más; así que nos dedicamos a hacer burla de otros desgraciados: mendigos, tontos o gente de rostro enloquecido, que tanto abundaban en esos días.
            Y pasaron los años y con ellos vinieron tiempos mejores. Nos hicimos adultos y civilizados, pero, al menos yo, nunca olvidé a “Colilla”, la estampa de la derrota.


                                                                                Miguel Ángel Pérez Oca.

martes, 29 de noviembre de 2016

¿HOTEL?

Con motivo del 6º aniversario de la tertulia, el tema a aportar era "Hotel" con una extensión máxima de 50 palabras, o lo que nosotros denominamos "un cincuento". La reunión fue muy amena y agradable y mi aportación fue la que os presento, ilustración incluida:


domingo, 27 de noviembre de 2016

RITA BARBERÁ, MARCOS ANA Y FIDEL CASTRO. EL SIGNIFICADO DE LOS MUERTOS.


            Me ha dado mucha vergüenza ajena ver a los cubanos de Miami, votantes de Trump, festejando con jolgorio la muerte de Fidel Castro. Como también me ha dado mucha vergüenza ver cómo los voceros del PP pretenden aprovechar la muerte de Rita Barberá para justificar su cobarde abandono a la correligionaria, echando la culpa de su reventón a un pretendido “acoso” de los medios y los políticos de la oposición; y hasta quieren aprovechar, una vez más, una muerte para barrer para casa; en este caso, para ver si consiguen alterar los pactos con Ciudadanos y salvar así de la quema a alguno de sus muchos corruptos. Como en otras ocasiones, utilizan el dolor ajeno en su beneficio. Ya nos tienen acostumbrados. ¿Es que no tiene vergüenza esta gente de la Derecha? Pues claro, si la tuvieran habrían dedicado algún espacio de sus medios amaestrados para recordar la limpia trayectoria del poeta Marcos Ana, el hombre que ha muerto sin rencor después de ser el preso político español que más años ha soportado las torturas y la prisión bajo la bota de ese disimulado icono de la derecha más casposa, llamado Franco.
            Estos días se nos han muerto tres personas muy notables, por muy diversas razones. Analizar sus trayectorias sería un ejercicio muy útil con el fin de saber valorar qué circunstancias de nuestra vida tienen verdadero valor. 
            La ex alcaldesa casi perpetua de Valencia, Rita Barberá, murió de infarto, abandonada por sus correligionarios que evitaban saludarla, no fuera a ser que alguien reparase en ellos y tirara de la manta. Toda la prepotencia y la soberbia de la inefable Rita se esfumó de pronto, ante los indicios de corrupción que desvelaban policías, jueces y periodistas, amenazando una vez más la credibilidad del PP (“¿Partido Podrido?”). Se la expulsó vergonzantemente del partido, aunque poco antes se le había dado un puesto de senadora, aforada, para protegerla. Pero no valieron trucos legales y al final se ha muerto “de pena”, según alguno de sus Judas. Y ahora, los mismos que la relegaron y la evitaban pretenden sacar partido de su enojosa defunción. Lamentable, lamentable una vez más.
            Fidel se ha muerto de viejo, jubilado por enfermedad y senectud, y la tormenta de opiniones buenas y malas se ha desatado inevitablemente. Pero el caso de Castro hay que estudiarlo en su contexto. No se puede comparar Cuba con Europa. Hay que verla en su lugar de la América Latina y caribeña, con sus países subdesarrollados y violentos de dictaduras pasadas de extrema derecha, sus desigualdades y la presión constante del Imperio Yanki del capitalismo feroz (faltaba Trump para terminar de arreglar las cosas). El caso es que una democracia formal, con los partidos de derecha subvencionados por las multinacionales, es muy difícil de sostener como verdadera democracia. Pero, por otra parte, mantener durante tantos años una dictadura voluntarista revolucionaria conduce inevitablemente a la atrofia (o a la hipertrofia, que es peor), fácil presa para la contrapropaganda, dirigida por el capitalismo depredador y sus agentes del exilio cubano, hacia la izquierda en general. Así que, ¿qué decir de Castro? Pues que representó, con Che Guevara, la dignidad de los sudamericanos que querían ser libres del colonialismo del Norte, pero cuya lucha de resistencia demasiado larga no podía conducir más que al anquilosamiento burocrático y policial. Como diría mi abuelo: “entre todos la mataron y ella sola se murió”. El socialismo, como dice Cristina Almeida, no puede desarrollarse sin libertad. Pero hay veces y lugares en que la libertad, que siempre es frágil, no es posible si su precio es la desigualdad, la injusticia y la dominación. Castro quiso salvar a América de América y no pudo; pero lo intentó, pese a los que ahora, vergonzosamente, festejan su muerte.
            Marcos Ana fue un ser puro, un comunista de verdad, ferviente y honesto. Se nos ha ido también, y los medios amaestrados de la derecha española no le han dedicado el homenaje póstumo que se merecía. Y es que la honradez no es noticia. Nadie habla de quien no concita odios y opiniones encontradas. Y eso es lo que le ha pasado a Marcos Ana, de manera muy injusta, porque en este mundo desagradable que nos ha tocado vivir, la honestidad, la integridad, la bondad y el amor a la justicia deberían ser noticia, entre otras cosas, por su excepcionalidad. Pero se impone el silencio, promulgado por la Derecha (otra vez la dichosa Derecha), que no consiente que una persona de izquierdas sea considerado un ejemplo. Afortunadamente, y pese al silencio de determinada prensa, somos muchos los que guardaremos toda la vida una enorme admiración por Marcos Ana, el mejor de los muertos de este noviembre.

             

martes, 22 de noviembre de 2016

EN LA SELVA BOLIVIANA.



El tema de la tertulia de ayer era "Selva" y yo recordé mi estancia en la selva boliviana y escribí el trabajo que ahora os pongo en este blog. Espero que os guste.

EL REY DE LA SELVA.

Una vez fui a Bolivia y recorrí la selva del Mamoré, subafluente del Amazonas en la región del Beni. Los ríos, las charcas y la jungla forman allí un laberinto de vida y de muerte. Las pirañas y los caimanes son los depredadores que se nutren de peces y de mamíferos que se acercan a beber a las orillas. Las capibaras -especie de ratas gigantes-los delfines ciegos de color rosa, los monos de cola prensil, los papagayos y otros extraños bichos más o menos peligrosos pululan por todas partes, en medio de la intrincada masa forestal por donde discurren hormigas bravas, de dolorosa picadura, bajo un cielo que, al atardecer, se cubre de mosquitos sedientos de sangre. A un amigo, un pequeño insecto volador le arrancó un bocado de pantorrilla de donde salía la sangre a borbotones; y a nuestro guía, un minúsculo pero bien armado pececillo le atravesó el dedo pulgar, desde la yema hasta la uña, mientras se lavaba las manos. Esa es la selva.     
En medio de tanta espesura, rodeado de árboles gigantescos, se alza, soberbio, un palacio inesperado. Hoy es la Academia de Guardiamarinas de Bolivia, país que no tiene costa, pero cuya intrincada red de ríos selváticos justifica una marina de guerra compuesta por patrulleras que guardan sus fronteras con los estados vecinos.
El origen de esa mansión descabellada tiene una historia tremebunda que nuestro guía nativo nos contó en voz baja, como temeroso de que los espectros de los allí asesinados pudieran castigar su indiscreción.
            El palacio, traído piedra a piedra de los lejanos Andes, fue la residencia del amo Pacheco, llamado “el Rey del Beni”, un terrateniente riquísimo, señor de una finca tan grande como una provincia europea, donde incluso se acuñaba moneda de oro a su nombre. Necesitado de mano de obra en sus plantaciones de caucho, y una vez que hubo  explotado hasta la extenuación a las tribus locales, marchaba de vez en cuando a Santa Cruz de la Sierra, ciudad populosa del llano fértil del sur del país, y allí despilfarraba sus monedas de oro, prometiendo grandes ganancias a quien se fuera con él a sus tierras. Pero, una vez que la caravana llegaba al Beni, los capataces sometían a los recién llegados y los convertían en esclavos. Las enfermedades, el agotamiento y los castigos inhumanos iban diezmando a aquella desgraciada población, cuyas defunciones eran suplidas por nuevos incautos que el amo traía de las tabernas de Santa Cruz de la Sierra.
            Pacheco estaba casado con una señora europea muy digna y elegante, que le había dado un hijo en cuya adolescencia ya empezaba a emular a su padre en crueldad y despotismo. Y aunque era hijo único, tenía más de 50 hermanos, puesto que el amo se llevaba a su lecho a todas las indias hermosas que capturaba en sus correrías. Después, cuando se hacían viejas o dejaban de satisfacerle, las abandonaba en la selva, y si osaban volver a la mansión las echaba a los caimanes o las pirañas para que las devorasen. Y ese fue el fin de muchas de ellas. En cuanto a los hijos mestizos del amo, no recibían ningún trato de favor, sino que pasaban a engrosar la nómina esclava.
            Este régimen insoportable se prolongó durante años, hasta que los bastardos fueron tantos que pudieron coaligarse contra el amo y, en una noche sangrienta, dieron muerte a los capataces, capturaron a Pacheco, a su remilgada esposa y a su hijo despótico y los acuchillaron en brazos y piernas, para que sangrasen antes de echarlos a las pirañas. Después, cada cual se marchó a su tribu, al fin liberada, mientras los cautivos santacruceños regresaban a su ciudad, tras saquear la finca que quedó abandonada hasta que el Estado la convirtió en Academia Naval.
            Al pasar por el río ante el sombrío palacio, sentí el repeluzno de un fugaz y helado contacto en mi espalda, tal como si los fantasmas de los masacrados en aquella tierra maldita quisieran reclamar mi atención, para que no olvidase nunca la tiranía y los crímenes que un día tiñeron de rojo las aguas del Mamoré, en el corazón del Beni.

                                                 Miguel Ángel Pérez Oca.                                                                          

jueves, 10 de noviembre de 2016

TRUMP, LA CATÁSTROFE.



Me tendréis que perdonar si no escribo mucho este mes. El peluquín oxigenado de Trump me pesa en el alma como una losa. Estoy en pleno shock, en plena depresión. La melancolía invade mis glándulas políticas y sociales. No tengo ganas de escribir, no tengo ganas de pensar, no me atrevo a hacer planes ni a intentar adivinar el futuro. Porque esta es la revolución de los idiotas que, como una mancha de aceite, se extiende por todo el mundo. Primero fue el Brexit, ahora Trump, mañana quizá Le Pen... y aquí, con la dicha de no tener aspirantes tonto-fascistas, con la dicha de que nuestra oposición al sistema es de legítima izquierda, así que podríamos... padecemos la abstención del maltrecho PSOE y la alegría beata y sumisa de Rajoy al nuevo Calígula mundial.
Todo empezó, me parece a mi, con la caída del muro de Berlín. Todos nos felicitamos entonces por el advenimiento de la democracia en el Este; pero la verdad es que el capitalismo salvaje se vio sin competidor al frente y se creyó que todo el monte era orégano. Décadas después, la desigualdad creciente, la globalización, el cambio climático, las guerras del petróleo, el fenómeno de la inmigración y los refugiados, la violencia generalizada, el fracaso de los estados pobres y tantas otras cosas, evidencian que el capitalismo, además de ser intrínsecamente injusto, no puede mantener su equilibrio si no se le controla, como a cualquier esquizofrénico. La sociedad del bienestar está amenazada y es pasto de demagogos parafascistas que crecen al socaire de la estupidez y la ignorancia de las clases más perjudicadas, que en lugar de alzarse en demanda de un socialismo civilizado, claman por el liderazgo de payasos y estúpidos integrales, como el tal Trump.
¿A dónde va nuestro Mundo? Yo creo que, víctima de la ola de irracionalidad, ignorancia y visceralismo que nos acosa, podemos dirigirnos directamente a la catástrofe global.
Si este artículo hubiera sido escrito en los años 30 y hablara de un tal Hitler, podría contener las mismas palabras, más o menos, salvo algunos matices actuales que aún lo hacen más alarmante.
Perdonadme si no escribo más. Ya os he dicho que estoy en shock y me acosa la depresión.
Que Dios nos coja confesados.

martes, 8 de noviembre de 2016

RELATIVIDAD.




Yo soy un gigante, frente a una hormiga
y soy un enano ante un elefante.
Todo es relativo, mi querida amiga,
si estudias aquello que tienes delante.

Dice el sabio que la luz es absoluta
y el tiempo relativo a su velocidad.
Si lo sabrá el amante cuando escruta
relojes y estrellas en espera de amar.

Las horas se alargan y añoro tus dones
y me desespero al no verte llegar.
Ojalá cabalgases sobre los fotones
y en un Arco Iris pudieras volar.

Pasan los minutos como siglos lentos,
pero al fin te veo cruzar la avenida,
y el reloj, ahora, corre como el viento.
Todo es relativo: Tiempo, luz y vida.


LOS ESPECTROS.



El tema de la Tertulia de ayer era "Espectro" y yo escogí la acepción científica del término. A ver qué os parece:

ESPECTROS DE OTRO MUNDO.
            Llegar a ser director del observatorio astronómico más grande del mundo había sido muy duro, porque la competencia era feroz. El profesor podría al fin realizar su proyecto científico tantas veces soñado. Y esa misma noche comenzó su tarea con entusiasmo. La primera estrella que se propuso estudiar con su telescopio reflector de 50 metros de diámetro, en busca de algún planeta que pudiera albergar vida, fue 3-001, una enana amarilla cercana, a tan solo 42 años luz, de la misma clase espectral que nuestro sol. Aplicó el coronógrafo (*) al objetivo, con el fin de ocultar el brillo de la estrella, y a continuación se dedicó a localizar pequeños puntos brillantes a su alrededor. Conectó el espectroscopio y los fue enfocando para obtener la composición de sus atmósferas. Más tarde, ya ante la pantalla del ordenador, fue estudiando las quebradas líneas de sus espectros. Enseguida le llamó la atención una de ellas, cuyo pico de oxígeno resaltaba junto a las líneas de absorción del nitrógeno, el vapor de agua, el dióxido de carbono, el ozono y ciertos trazos de gases nobles. La comparó con el espectro de la atmósfera de nuestro planeta y vio que… ¡eran prácticamente iguales!
            Muy emocionado, llamó inmediatamente a su colega, el responsable del radiotelescopio gigante adscrito al programa.
            -Oye – le dijo -, tienes que rastrear la estrella 3-001 en todas las frecuencias. ¡Uno de sus planetas tiene un espectro idéntico al nuestro! Y ya sabes que el oxígeno libre solo puede provenir de la fotosíntesis vegetal. Así que, ¡Allí hay vida! ¡Seguro!
            -Sí – le contestó, escéptico, el otro –, pero que tenga vida no quiere decir que  ésta sea inteligente y que, además, esté emitiendo en radio. Nuestro mundo contiene vida desde hace más de 3.500 millones de años, pero solo en el último millón ha habido  aquí seres inteligentes y  hace menos de un siglo que tenemos tecnología electrónica.
            -Bueno, bueno – le contestó el profesor con impaciencia - , tú rastrea, por favor – y se excusó -. Es que tengo una corazonada…
            -¡Ja! – fue la respuesta burlona del colega, ante ese rasgo de irracionalidad.
            Pero la corazonada se cumplió. Meses después, el jefe del radiotelescopio llamaba al profesor, excitadísimo.
            -¡Director, director! Henos captado emisiones artificiales de ese planeta. Su potencia es muy débil; por eso se ha tardado tanto en encontrarlas. Te mando el vídeo de uno de sus programas de televisión para que veas a sus habitantes… ¡Son increíbles!
            Después de unos segundos de estática, fueron apareciendo en la pantalla unas figuras de apariencia completamente inverosímil. En primer término, un ser rechoncho, de blandas y temblorosas carnes pálidas, coronado por unos finísimos filamentos dorados, emitía extraños sonidos por el orificio que poseía en la parte delantera de su cabeza, y cantaba: “Happy berthday to you, happy berthday, mister President…”
            -¿Sabes? Por lo visto es una hembra considerada por todos sus congéneres como un maravilloso símbolo sexual… Se llama, o se llamaba hace 42 años, Marilyn Monroe.
            -¿Símbolo sexual, ese bicho tan repugnante? ¡Si es asqueroso! – exclamó el profesor mientras agitaba sus gelatinosos tentáculos prensores y daba saltitos nerviosos con su pedúnculo locomotor; a la vez que mantenía muy abiertos sus tres ojos amarillentos, cruzados de venas verdes, desorbitados por la incredulidad.
            -¿Y cómo llaman esos seres a su mundo? ¿”Asco-landia”? – preguntó, irónico.
            -Pues, según nuestro programa traductor, unos lo llaman “Earth” y otros “Tierra”. Y a su estrella, la llaman “Sol”, “Soleil”, “Sun”...  Es que usan varios idiomas.
            -Y a nuestro planeta, ¿sabes cómo lo llaman?
            -Ah, tienen un nombre muy bonito para nuestro sol: “Capella de Auriga”. Suena bien, ¿verdad? En cuanto a nuestro planeta, todavía no lo han descubierto.
                                                                                    Miguel Ángel Pérez Oca.

 (*.- Coronógrafo. No confundir con cronógrafo.)            

lunes, 31 de octubre de 2016

PALABRAS DE PEDRO SÁNCHEZ.



Lo que dijo Pedro Sánchez en la entrevista que le hizo Ébole ayer me ha dado mucho que pensar. Qué lástima que no tuviera el valor de decirlo cuando aún era tiempo de imponerse a los "poderes fácticos", a los Felipes-Guerra ga-gá y a las Susanitas, y haber forzado un gobierno alternativo de izquierdas. Aunque supongo que los mandamases no lo hubieran consentido y el PSOE hubiera saltado por los aires antes que dejar que se aliara con Podemos. Por otro lado, tras las primeras elecciones de diciembre, se notaba demasiado que Podemos quería forzar unas segundas, a ver si había suerte y "sorpasso" y el Gobierno se lo llevaba Pablo Iglesias. Pero en ese caso, tampoco hubieran sido posibles alianzas con el PSOE, o a Pedro le hubieran dado "matarile" todavía antes. Ahora, quizá, si Pedro sabe maniobrar y conquistarse a la militancia, será posible salvar a la Democracia, al PSOE y a los votantes de la verdadera izquierda... Lo que está claro es que con la izquierda dividida no hacemos nada. Por cierto, lo de que Catalunya es una nación sería una perogrullada si no fuera por el empecinamiento de la derecha pepera de buscarse enemigos para forzar situaciones imposibles y líneas rojas, y forzar así su dominio a base de dogmas, como la vieja Iglesia. Hacen lo mismo con los vascos y con los "radicales populistas" de Podemos.
Como no nos espabilemos, Rajoy y sus muchachos tienen cuerda para rato, con todos esos pobres de derechas que los votan porque son más tontos que Abundio, y más cobardes y egoístas que el malo de la película.
Lo dicho: Si la izquierda no se une no se comerá una rosca. Lo vengo diciendo desde hace muuuuuucho tiempo. Pero los sectarios no escuchan.

jueves, 27 de octubre de 2016

ACEPTACIÓN.



Influido, seguramente, por el ambiente político que se respira hoy en este país, y como continuación del artículo precedente, he presentado en la Tertulia este trabajo sobre el tema propuesto, que era "Aceptación". Seguro que os resulta familiar, ¿verdad?

LA HORA DE LA ACEPTACIÓN.
            El abuelo tiene muchos años, tantos que le permiten gozar de una perspectiva histórica lo suficientemente amplia como para juzgar muchas cosas. Luchó en la Guerra Civil, combatió en el Maquis francés contra los nazis, sufrió un largo exilio lejos de sus hijos y no volvió a España hasta que murió el dictador. En su juventud fue testigo de los enfrentamientos entre los partidarios de Prieto y los de Largo Caballero en el seno del Partido Socialista, su partido de siempre, cuyas crisis actuales no le sorprenden lo más mínimo y se las toma con filosofía; aunque a veces le indignan las manifestaciones simplistas y demagógicas de los actuales políticos de la izquierda y la derecha.
            -Entonces nos enfrentábamos con pasión y sin ocultar nada. Al pan le llamábamos pan y al vino, vino… - me dice a menudo – Y no como vosotros, siempre cautelosos y maquiavélicos, con el discurso prefabricado a base de argumentario.           
El abuelo se sienta en su mullida butaca, frente al televisor, y se entretiene limpiando su vieja pipa de espuma de mar, que no usa ya por prescripción facultativa.
            -¿Qué te han parecido mis declaraciones de hoy en la tele, abuelo? – le pregunto.
            Y él me mira con sus viejos ojos descoloridos, que ya han visto tantas cosas.
            -Me han parecido una mierda – me responde. Y yo, desde mi soberbia de flamante dirigente de la nueva política, me siento herido, aunque ya me lo esperaba.
            -Mira, muchacho – prosigue -, perdóname, pero me cabrea la gente como tú. Parecéis loros con la lección aprendida. Hacéis juegos malabares con las palabras para no decir nada que os comprometa… A ver, cuando esa periodista tan valiente te ha dicho: “Pero, señor diputado, sobre este asunto, ¿cuál es su opinión personal?”. Tú te has evadido con citas a no sé qué filósofo y al final te has escudado con el argumento fácil de que se hará lo que acuerden los militantes en una próxima asamblea… ¡Coño! Eso no es lo que te ha preguntado. Eso ya lo sabemos, pero la periodista te ha pedido tu opinión personal y tú te has escurrido como una anguila. Y todos los políticos de ahora sois así de demagogos, y se os ve el plumero. Me enfadé mucho cuando mi candidato decía que votaría NO a facilitar la investidura del Jefe del Gobierno, que NO se aliaría con partidarios de la consulta catalana y que NO habría nuevas elecciones… Pero, ¿cuál era, entonces, su alternativa? – Yo le doy la razón con un gesto mudo pero elocuente, aunque reconozco que los demás, a la izquierda y la derecha, son igual de manipuladores; y él se me enfrenta iracundo – Vale, y en este caso de hoy, ¿cuál es tu opinión? ¡Porque ese rollo de la alianza secreta entre malos y traidores no me lo trago!
            Empiezo a argumentar complicadas frases evasivas, que él me corta enseguida.
            -¡Déjate de rollos conmigo, Maquiavelo de vía estrecha! Y dime la verdad.
            Yo admito que el caso tiene un análisis muy complejo, pero que lo que más conviene a los míos es explotar la consigna más simple, contundente y maniquea…
            -Sí, merluzo, pero ¿cuál es tu opinión? Dímela sin tapujos. ¡La tuya, coño!
            Y yo bajo la cabeza y reconozco cuál es la que proclamaría si de mí dependiera.
            -¿Y por qué no lo dices en público, abiertamente?
            -Porque, si después mi partido adopta otra posición, podría costarme el cargo…
            -¡Malditos hipócritas! Pero al día siguiente de que vuestra dirección tome una decisión firme, todos coincidiréis con ella, ¿verdad? Por eso la gente ya no cree a los políticos, ni nuevos ni viejos. Pues, mira, yo te exijo que seas honesto y le digas a esa periodista cuál es tu verdadera opinión. Y déjate de pamplinas para crédulos.
            Me marcho de casa del abuelo muy afectado. El viejo tiene toda la razón. Y pienso que ya es hora de que alguien diga la verdad al pueblo. Estoy dispuesto a aceptar mi condición de poseedor de un criterio personal. Es la hora de la aceptación.

            A la puerta del Congreso me espera de nuevo la periodista. Hincho el pecho y me dirijo a ella, aceptando al fin confesarle la verdad, mi verdad.     

                                                                                                         MAPérezOca.

domingo, 23 de octubre de 2016

MENTIRAS POLÍTICAS.


            Todos nuestros políticos actuales mienten como cosacos (con perdón de los cosacos). Mentía Pedro Sánchez cuando nos decía que votaría NO a la investidura de Rajoy, que no se aliaría con los partidarios de la consulta catalana y que no quería que hubiera nuevas elecciones. Mentía porque al menos una de las alternativas que nos proponía era imposible, dado que se excluían mutuamente. Pero también mienten los actuales rectores del PSOE cuando nos dicen, unos, que hay que abstenerse por el bien del país que necesita estabilidad, y otros, los que persisten en el No para no darle el poder a Rajoy. Los de la abstención no la predican en busca de la estabilidad, los del No no lo hacen por no darle el poder a los corruptos de PP. Ambos se mueven buscando la supervivencia de su partido, porque saben muy bien que unas próximas elecciones le darán más poder todavía a Rajoy que, incluso, podría alcanzar la mayoría absoluta con la ayuda de Ciudadanos; lo que hace inoperante ese NO que se predica con cara de falsa honestidad. Que Iceta nos reconozca que el No de los socialistas catalanes es un intento de recuperar protagonismo en su autonomía. Que los que propugnan la abstención reconozcan también que lo hacen en busca del mal menor PARA SU PARTIDO, porque saben que en unas próximas elecciones el PSOE podría sacar todavía menos votos que la última vez, y que cuatro años de concienzuda oposición le podrían devolver el prestigio perdido.
            Pero también mienten Bescansa, Pablo Iglesias, Errejón y Echenique, cuando nos hablan de que la abstención del PSOE va a suponer el nacimiento de la Gran Coalición. Eso, más que una exageración, es también una mentira, porque tanto PSOE como Ciudadanos van a tener que demostrar que hacen oposición al PP si no quieren desaparecer dentro de cuatro años. Lo que pasa es que Podemos querría merendarse al PSOE y ostentar el monopolio de la oposición de izquierdas. Se les ha notado demasiado cuando, después de las elecciones de diciembre de 2015 soltaron su discurso de “las manos manchadas de cal viva” y las exigencias de ministerios; pero también tuvieron la culpa del desacuerdo ciertos barones (y dama, sobre todo la dama Susana) del PSOE, imposibilitando cualquier intento de Pedro Sánchez de llegar a un acuerdo con podemitas y nacionalistas. Ambos cortaron los puentes con una sarta de mentiras justificadoras que han hecho posible el  increíble ascenso del PP, que ha sabido movilizar a los mezquinos de este país, a los que no afecta la corrupción por encima del miedo a perder las migajas del señorito.
            Que la derecha miente no nos debe extrañar, porque está en su naturaleza. No se pueden defender los privilegios de unos pocos con el voto de la gran mayoría de los explotados sin mentirles descaradamente. Así que no hace falta analizar con demasiado detalle las mentiras del PP, siempre retorciendo los argumentos para justificar sus apaños y corruptelas. En cuanto a Ciudadanos, la simple proclama de que pertenecen a una nueva forma de hacer política ya es una gran mentira. Son los alevines de la derechona de siempre, eso sí, recién duchados.
            Pero, ¿es que nadie va a salir a la palestra a decirle al pueblo la verdad? La verdad es que las élites de cada partido buscan el poder por encima de todas las demás consideraciones. Que los argumentarios son fórmulas para engañar a los presuntos votantes y a los honrados militantes de toda la vida, que las verdades molestan y escuecen porque dejan a los ambiciosos con el culo al aire y que uno, cada día, se descubre más incapaz de militar en ningún partido liderado por mentirosos. 
            Esa es la verdad.  

miércoles, 12 de octubre de 2016

HAIKU

Para las hojas
que vuelan en Otoño,
¡No hay fronteras!

MI AMIGO MOHAMED ESTÁ EN LA CÁRCEL.

Tengo un amigo en la cárcel y no sé qué hacer por él. Por esa razón, en la pasada Tertulia del día 10 puse este trabajo que también he enviado a la prensa y voy a mandar a todos mis amigos.
Difundid esta noticia, por favor. Que se acabe la injusticia que sufren los jóvenes de Ifni que reclaman la nacionalidad española.
Gracias.




Imágenes de la represión sobre la población de Ifni en los disturbios de hace unos años.


UN OTOÑO SIN FRONTERAS.
            Mi amigo Mohamed Derbal está en la cárcel. Está preso en Marruecos, condenado a varios meses de prisión por haberse manifestado con otros jóvenes ifneños y ocupado el viejo edificio español de la Pagaduría para reclamar que se les conceda la nacionalidad española. Mi amigo Mohamed quiere ser de los nuestros, pero no le dejan. Y eso que su abuelo era sargento de nuestro ejército y participó con otros bahamaraníes de Ifni en lo que se llamó, por parte de los fascistas sublevados contra la República legítima, “Glorioso Alzamiento Nacional”. A aquellos pobres habitantes de los páramos ifneños les comieron el coco con promesas de botín y consignas de ir a Europa a salvar a España de los “ateos comunistas enemigos de Dios”. Dieron su sangre y muchos de ellos su vida, en la creencia de que eran españoles de pleno derecho, habitantes de la provincia española de Ifni. Pero cuando a Franco le convino pactar con Hassan II la entrega del territorio, en l969, consumó la traición a sus antiguos esbirros, negándoles la nacionalidad de la que, según los franquistas, “se habían beneficiado provisionalmente”. En el colmo de la desfachatez, se les dio 3 meses para presentarse en una de las nuevas comisarías de policía marroquí para manifestar que no querían ser súbditos del rey alauita y poder reclamar la ciudadanía española. No fue nadie, pues ¿quién se atrevería a cometer tamaña insolencia y arriesgarse a ser convencido a bofetadas, o algo peor, de que debía mantener su patriotismo impuesto? Así que los baamaraníes, habitantes seculares de Ait Ba Amarán (Ifni para los españoles) pasaron a ser  marroquíes, muchos de ellos a su pesar. Y es que cuando el coronel Capaz, en nombre de la II República Española, tomó posesión del territorio, en 1934, no lo hizo negociando con el gobierno de Rabat, sino con los notables del pueblo local, que nunca se sintió integrado en Marruecos. La historia se repetiría años más tarde, en 1975, a la entrega vergonzante del Sahara, con la triste ventaja para los saharauis de su notable superioridad numérica. Los  ifneños, en cambio, al ser tan pocos, nunca han tenido eco en los medios, ni España ni Argelia los han protegido, ni siquiera en los disturbios de hace unos años, cuando las protestas de los jóvenes de Ifni, ciudad de poco más de 20.000 habitantes, hicieron caer sobre ellos a más de 7.000 policías y soldados. Entonces, mi amigo Mohamed tuvo que permanecer escondido para evitar represalias, y después intentó alcanzar Canarias con una patera, siendo capturado por nuestra policía y devuelto a  su patria forzosa.
            Yo lo conocí en un viaje que hice en 2007 al lugar donde había cumplido mi servicio militar en 1966. A regañadientes, pues sabía que la razón era de ellos y no nuestra, vigilé durante 17 humillantes meses aquella frontera injusta que todos sabíamos que iba a desaparecer en breve. Entonces, Mohamed no había nacido aún y su abuelo debía ser un militar retirado, convencido de que había dado su sangre por España, cuya nacionalidad se había ganado a pulso. Pero hoy su nieto reclama en vano la deuda contraída por el odioso dictador con su abuelo, y en vano manifiesta su derecho a ser español, y ha acabado en la cárcel, sufriendo sabe Dios qué insoportables vejaciones.
            Y España calla, no vayan a salir perjudicados sus intereses comerciales con Marruecos; tal como calla la injusticia saharaui. Y yo, que no reconozco más patria que el planeta Tierra, ni más pueblo que la Humanidad trabajadora, que me asquean las palabras-trampa escritas con mayúscula, como Honor, Fe, Patria, Himno, Bandera…; yo, que me declaro incompatible con todo lo sagrado, porque estimo que esa calificación es un invento de los poderosos que se nutren de nuestra cándida sangre; yo no sé cómo ayudar a mi amigo Mohamed Derbal, como no sea denunciando los hechos en público y deseándoles, a él y a sus compañeros, que este Otoño, devenido Primavera, les depare un glorioso y justo mundo sin fronteras y sin cárceles para presos políticos.

            Ya sé que eso es una utopía y que pasarán siglos hasta que la Tierra sea un lugar decente, si alguna vez lo es; pero la esperanza es libre. ¿No creen?       

lunes, 26 de septiembre de 2016

HABLANDO DE TRISTES NEGOCIOS.



Los temas de la Tertulia de hoy eran "La Casa Blanca" y "Delincuencia". Mi trabajo, en el que entran los dos, es el que os pongo a continuación:

HABLANDO DE NEGOCIOS.
            Los mayordomos de la Casa Blanca siempre hemos sido negros. Lo fue mi abuelo Tom durante muchos años y, a su jubilación, heredé el cargo. Aunque en 1945 yo era todavía un camarero aspirante a mayordomo. Y aquel fatídico día me tocó a mí, por primera vez, servir el café en la reunión de los viernes del Comité de Guerra, en el Despacho Oval. Confieso que me temblaba el pulso mientras servía el refrigerio a tan altos personajes, todos hombres blancos, algunos de ellos uniformados y con el pecho cuajado de medallas. Sin embargo, no me sentí abrumado cuando llené la taza del Presidente. El señor Truman era un hombre tranquilo y amable al que ya había servido café otras veces, cuando se pasaba allí las horas, solo, estudiando importantes papeles.
            -Llena la taza hasta el borde, joven John – me dijo alguna vez -, que necesito estar despabilado esta noche. Con lo feliz que vivía yo en mi mercería de Kansas City, vendiendo corbatas y cintas de seda. ¿Quién me mandaría a mí meterme en estos líos?
            Aquel viernes, el Comité debía tomar una decisión muy importante, y sus miembros no reparaban en mí, modesto sirviente atado al silencio por un juramento de confidencialidad cuya transgresión me hubiera costado muchos años de cárcel. Ellos iban a lo suyo, con la segura frialdad de quien habla de negocios y conoce bien el tema.
            -Debemos echar esas bombas atómicas sobre Japón – decía con engolada afectación el Secretario de Guerra, señor Stimson, atusándose el bigote.
            -Sí, pero no hace falta lanzarlas sobre núcleos de población llenos de niños, mujeres y ancianos – objetaba el subsecretario Mc Cloy, de voz aflautada y tímida.
            -¡Esos no son niños, viejos y mujeres, sino alimañas a exterminar!– gritó, algo alterado, un general de aviación muy alto, gordo y rubio –. Debemos provocar la mayor destrucción posible y el mayor daño moral, para forzar la rendición de esos monos amarillos. Yo las tiraría sobre el mismo Tokio… las dos, la de uranio y la de plutonio.
            -Pero – objetó el Presidente -, si matásemos al Emperador y a todos sus ministros, ¿con quién negociaríamos la rendición?
            -Muy bien – admitió el general, apoyado por los otros militares presentes y la mayoría de los civiles -, pues las lanzaremos sobre otras poblaciones importantes, como Kioto, Hiroshima, Yokohama o Nagasaki. Lo importante es que les hagan mucho daño y los fuercen a la rendición incondicional. De lo contrario, habría que llevar a cabo una invasión que nos costaría al menos 300.000 vidas de nuestros soldados; y la vida de un soldado americano vale más que mil vidas japonesas, incluidas las de mujeres y niños.
            -Se podrían echar en la bahía de Tokio, a la vista de todos, para demostrarles nuestro poder sin necesidad de matar a niños inocentes… - insistía Mc Cloy. Pero el almirante jefe del Servicio Secreto le interrumpió, con voz autoritaria y mirada fría.
            -Seamos sinceros. No se trata solo de intimidar a Japón. Los rusos bolcheviques también le han declarado la guerra e invadirán las islas sin reparar en bajas propias y ajenas. Y no queremos un Japón comunista, ¿verdad? Así que es muy urgente forzar la rendición inmediata y, de paso, advertir a los rusos y dejarles claro quién manda aquí.
            Y un abrumado señor Truman carraspeó, miró al suelo y dio por zanjada la cuestión, después de emitir un sonoro suspiro. Se encogió de hombros y dijo:
            -Que se lancen sobre ciudades. Yo me hago responsable.
            Al salir del Despacho Oval me temblaban las piernas y dos lágrimas incontenibles rodaron por mis negras mejillas. Acababa de ser testigo de la organización de uno de los más horribles asesinatos de la Historia. Más de 200.000 personas iban a morir por decisión de unos hombres de apariencia honorable y ambición desmedida.
            Cuando se lo conté a mi abuelo en las cocinas, sonrió con tristeza y me dijo:

            -Querido John, debes saber que la delincuencia más inhumana es hija del poder y tiene sus guaridas en lugares como la Casa Blanca.         
                                                                                     Miguel Ángel Pérez Oca.


UN HAIKU SOBRE HIROSHIMA.



En Hiroshima,
un pajarito canta
sobre la muerte.



jueves, 15 de septiembre de 2016

¿ES DECENTE VOTAR AL PP?


            ¿Era decente votar a Hitler? Y, sin embargo, Hitler ganaba elecciones. ¿Era decente votar a Reagan o a Bush? Pues ganaban y gobernaban, para bien o para mal. ¿Es decente votar a un partido que se hunde diariamente en la más abyecta corrupción y cuyo líder mira para otro lado cada vez que le preguntan por sus socios corruptos y, además, cree que gobernar es no hacer nada y esperar que escampe? Pues en cada elección saca más votos. ¿Cómo es posible? ¿Está este país lleno de votantes indecentes? ¿Deberíamos renegar de la democracia formal? ¿Son más importantes las formas democráticas que la mismísima Ética? Un dilema tremendo se cierne sobre la gente honrada de este país. La gente honrada es la que piensa que quien vota a los corruptos es un cómplice de sus delitos o un tonto ingenuo… O quizá un mezquino, un cobarde, un inconsciente, un ignorante… Sin embargo, en caso de que aceptásemos el hecho de que es una indecencia votar a determinados partidos, ¿quién ha de ponerle el cascabel al gato? ¿Quién debería estar ungido de la autoridad de decidir qué partido es indecente y cual no? Todos, o casi todos, sabemos quiénes son los indecentes, pero si confiásemos en alguien para prohibir el voto a los corruptos, este alguien podría a su vez corromperse y censurar el voto libre a quien él quisiera, fuera o no indecente. Es como una pescadilla – o pesadilla - que se muerde la cola. La libertad no es libertad si se limita la libertad a los enemigos de la libertad. ¡Por ahí te salvas, Rajoy!
Pero es tan triste ver cómo hay gente que vota a los que le mienten y explotan.
Así que no queda más remedio que tener paciencia y perseverar, en espera de que alguna vez, en este país, haya un pueblo inteligente y unos políticos honrados que asuman de verdad la misión sagrada de ser los representantes del pueblo.
Triste sino.

  

martes, 13 de septiembre de 2016

DECLINAR

El tema de la Tertulia de ayer era "Declinar", y yo presenté el trabajo que a continuación os muestro. Espero que os guste y que esteis de acuerdo conmigo. Ya va siendo hora de que en este país evolucionemos hacia el verdadero Homo Sapiens. ¿No os parece?



DEBÍ DECLINAR AQUELLA INVITACIÓN.

Debí declinar aquella invitación, pero no lo hice. Y después me he arrepentido mil veces de no haberlo hecho; aunque quizá la experiencia valió la pena y mi pecado de entonces contribuyó a forjar mi carácter. El caso es que la invitación era muy tentadora. Nunca volvería a tener la ocasión de presenciar un espectáculo como aquel, al menos en esas condiciones excepcionales.
            Miguel Pomata, el conserje de mi oficina, era amigo del padre de un famoso torero, quien lo había invitado a que acudiera con unos cuantos compañeros a la plaza de toros de Benidorm, donde el “maestro” iba a matar dos astados en privado, para entrenarse con vistas a la próxima temporada. La corrida se haría con toda la parafernalia habitual: cuadrilla entera con sus trajes de luces, picadores con sus caballos, suerte de banderillas y estocada final, como está mandado, pero sin público, salvo diez o doce personas de confianza. Y Pomata nos propuso asistir con él a varios colegas: a Paquito, gran aficionado a la tauromaquia, a Tomás, el interventor, y a mí, por la gran amistad y casi parentesco que unía a nuestras dos familias.
            De entrada me impresionó ver el enorme coso vacío y oír desde la grada las conversaciones de los toreros, potenciadas por la sonoridad de aquel desierto cóncavo.
            -Durante toda la lidia debéis guardar silencio, porque el bicho, al no oír el murmullo del público, se puede distraer con cualquier ruido – nos advirtieron.
            Ver una corrida de toros en medio de un silencio sepulcral es algo que no se me olvidará nunca. Oíamos las voces del matador, cuando citaba al morlaco negro y astifino, y la respiración agitada y los mugidos de dolor y de rabia del animal.
            Entonces comprendí la inmensa tragedia de aquel pobre ser vivo, burlado en su corto sentido de la vista y su pobre inteligencia por unas sombras que se movían a su alrededor, ocultándose tras unas formas verticales que quizá interpretara como postes en lugar de humanos quietos, y unos seres extraños que surgían de la nada para clavarle objetos punzantes que le dolían y le irritaban. El pobre herbívoro estaba muerto de miedo, presentía su muerte, y reaccionaba de la única forma en que sabía defenderse, intentado atacar con sus astas a los enemigos malvados que lo estaban torturando. Sus bufidos entrecortados, perfectamente audibles en aquel templo de silencio, delataban su angustia y su terror, que culminó con un estertor agónico, cuando el estoque atravesó su cuerpo y le produjo una espantosa y definitiva hemorragia. Después, ya muerta la víctima, los invitados rompieron el silencio con gritos de entusiasmo y palmas.
            El espectáculo se repitió con el segundo toro, lo que me sirvió para comprobar de nuevo que el miedo y el dolor son el precio de la fiesta taurina, que el toro es un pobre comedor de yerba, inofensivo y pacífico, al que la Naturaleza ha dotado de dos cuernos para defenderse de los depredadores; aunque en este caso sus verdugos no buscan  legítimo alimento, sino sádica diversión de violencia y muerte.
            Debí haber declinado aquella invitación, pero no lo hice. Sin embargo, la experiencia me resultó reveladora y nunca más he asistido a una corrida de toros, ni siquiera por televisión, ni he participado en ningún espectáculo violento contra animales inocentes. Que nadie me proponga ir a una cacería, a la matanza de un cerdo o a una de esas fiestas salvajes en las que se tira una cabra de un campanario, se le arranca la cabeza a un ganso o se martiriza y humilla a un toro por las calles de un pueblo. Que nadie me invite a ver esas cosas, porque rechazaré, ofendido, su propuesta.
            Soy carnívoro, como la mayoría de mis congéneres, y reconozco el derecho a matar animales para alimentarnos, porque esa es nuestra naturaleza, pero exijo que se les respete, que no se les haga sufrir, que se les dé una muerte instantánea e indolora, y que nadie se divierta torturándolos, ni convierta su sacrificio en un espectáculo.

            Seamos, de verdad, humanos.                                

                                                                              Miguel Ángel Pérez Oca.

martes, 6 de septiembre de 2016

¿TAN DIFÍCIL ES?




¿Tan difícil es establecer una tregua? ¿Tan humillante renunciar a nuestras líneas rojas por un periodo de tregua? “Yo renuncio por dos años a mostrarme intransigente en esto si tú haces lo mismo con esto otro”, no tenéis más que decir. Y negociarlo. Por dos años, lo suficiente para reparar los daños más urgentes y tomar un camino nuevo, destronando de una santa vez al preboste estólido y podrido con toda su canalla. En este país enfermo, atiborrado de gente cobarde, miserable, mezquina, heredera de un viejo dictador y sus sacerdotes y verdugos, hace falta la sangre nueva de los adalides de la honestidad, de la verdadera libertad y del progreso. Pero, ¿sois vosotros esos campeones? No sé… Porque si no sois capaces de establecer una tregua para salvar a este país de la mugre miserable que lo atenaza, es que no lo sois y tendremos el liderazgo casposo que los viejos podridos nos quieren imponer…
            Vosotros veréis.


            (Dedicado a Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Ribera)

RAJOY NO DARÁ UN PASO ATRÁS...


martes, 30 de agosto de 2016

UN HAIKU SOBRE LOS CINES DE VERANO DE MI JUVENTUD.

 El haiku, aunque incorporado al Zen en el siglo XVII, es la expresión poética más genuina del minimalismo propio de esta escuela filosófica oriental. He compuesto este haiku como complemento poético al tema de la tertulia de hoy, que, como ya sabéis, era "Cine de Verano".

 Bajo las estrellas,
una historia de amor en blanco y negro.
¡Noche de agosto!

LOS VIEJOS CINES DE VERANO.

El tema de la Tertulia Literaria de ayer era "Cine de Verano", y yo he aportado la narración que os adjunto. Está basada en un recuerdo real. La vida era así e los años 50:

DESDE ESTE FUTURO.
            Parece que hace siglos que transcurrían los años 50. Yo era un chiquillo de poco más de diez inviernos a mi espalda, con un hermanito que aún no andaba. Mis padres y yo, en las noches de verano, íbamos con cierta frecuencia a ver cine de reestreno en la Plaza de Toros, muy cercana a nuestra vivienda de planta baja. Mi hermano quedaba al cuidado de las abuelas y mi madre llenaba un capazo con una fiambrera de tortilla de patatas o de bacalao con tomate, barras de pan, servilletas, una sandía, una botella de vino embocado de la bodega del señor Andarias y otra de agua para mí. Nos sentábamos en las gradas, porque era más barato, y desde allí veíamos viejas películas en blanco y negro, sobre una ondulante pantalla de tela que temblaba al viento, y con un deficiente sonido, lleno de ecos y resonancias. Entonces, después de tantas penurias sufridas, nos conformábamos con todo.
            Recuerdo una noche en la que proyectaban “Locura de Amor”, en su versión grandilocuente y a la vez paupérrima de un Renacimiento de cartón piedra y triste guardarropía, en la que una histriónica Aurora Bautista trataba de hacer creíbles los castos desvaríos y los celos de Juana la Loca. La cinta rezumaba patriotismo barato en todas sus escenas, haciendo omnipresente ese sueño demagógico del “Imperio hacia Dios” con el que se desayunaban cada día los sufridos y míseros perdedores de la pasada Guerra Civil, sometidos a la propaganda machacona de la dictadura franquista.
            Yo, que me aburría bastante con la almibarada película, me dedicaba a mirar disimuladamente al público vecino que se sentaba en los bancos de piedra. Debajo de mí, un mozalbete sorprendido por la situación, satisfacía el hambre sexual de una señora “jamona” que se agitaba ante las incursiones del acompañante accidental bajo su falda. Los secretos del sexo todavía no se me habían manifestado en todo su esplendor, así que no entendía como aquellos “viciosos” podían refocilarse en el “pecado” con ese denuedo; y me imaginaba al chico arrodillado y contrito ante el confesionario, y a la insatisfecha señora aullando, presa de deseos impuros, en su cama solitaria.
            En el descanso, entre película y película, las familias se entregaban a la cena y se abrían los capazos y las navajas para preparar sabrosos bocadillos de tortilla o fritanga, acompañados de tragos de vino, los adultos, y de agua, los chiquillos - entonces aún no había Coca-Cola -. Y mientras mi madre confeccionaba el condumio, mi padre me acompañaría al mingitorio, en un rincón oscuro del pasillo que rodeaba la plaza. El olor penetrante de orines y Zotal habría sido capaz de quitar el apetito a quien nunca hubiera pasado hambre; pero ese no era el caso de los españolitos de entonces.
El principio del siguiente film coincidiría con el postre a base de tajadas de sandía o melón y la cháchara impertinente de los espectadores que terminaban su pitanza con total indiferencia a las vicisitudes de los protagonistas, esta vez americanos, de una aventura de Flash Gordon. Pero en eso yo ya empezaba a ser un niño diferente. A mí, convencido desde mis primeras lecturas de Julio Verne, de que muy pronto los humanos pisarían la Luna, la ciencia-ficción me chiflaba. Yo vivía ya en el futuro…
Pero no en este futuro de 2016 desde donde escribo estas letras, en el que todo el mundo tiene ordenadores portátiles y teléfonos móviles, y la información corre instantánea de un rincón a otro del planeta; donde todo depende de una intrincada red de impulsos electrónicos. En esta época futura, los problemas de supervivencia son muy diferentes de los que nos acosaban en los años 50. Ahora lo que peligra es la salud total del mundo, contaminado y esquilmado por las nuevas técnicas de un loco y cruel capitalismo dispuesto a morir de éxito con tal de obtener ganancias. Las guerras y la desigualdad hacen compatibles los más avanzados lujos y las más abyectas miserias…

No es este el mundo futuro que nos mostraban las películas de ciencia-ficción de entonces, ¿verdad?  No hay paz para los profetas.                
                                                         
                                                                                Miguel Ángel Pérez Oca.