domingo, 1 de octubre de 2017

1 DE OCTUBRE, EL GRAN DÍA DEL RIDÍCULO.



Siento vergüenza ajena ante tanta gente que en estos momentos está haciendo el ridículo. Personas como Rajoy, con sus andares estúpidos, o Puigdemont, con su greña de perrito de aguas, deben estar acostumbrados a hacer el ridículo, pero no hay derecho a que se lo hagan hacer a los pobres mosos d'esquadra, guardiaciviles, policías, votantes, portadores de esteladas, políticos de segunda, alcaldes, profesores, patriotas de uno y otro signo, sacerdotes, jueces, fiscales y todo un país, llámese España o Catalaunya, del que en este momento se están riendo en todo el mundo mundial.
Don Tancredo Rajoy, mirando para otro lado durante tanto tiempo, ahora quiere arreglar el desaguisado prohibiéndolo, tal como hacía Franco prohibiendo la prostitución o como haría quien quisiese derogar la Ley de la Gravedad. Puigdomont, Mas, Junqueras, Tardá y compañía quieren proclamar una independencia que no les va a reconocer nadie y que no cuenta con ningún aparato estatal que pueda hacerla efectiva.
La gente sensata se niega a participar en este estúpido juego del referéndum simbólico que no conduce a ningún sitio que no sea el ridículo, y los independentistas, que están jugando y lo saben, les llaman fachas y traidores, aunque se trate del mismísimo Serrat, y piensan en una mayoría del Sí contra el No que les permita ganar al Monopoly, aunque esa mayoría mal contada suponga un 15% de la población.
Voy a pasarme todo el día delante de la tele (la 6ª por supuesto), no sé si riéndome de toda esta gente mediocre y ridícula, o llorando por un país (¿Espanya, Cataluña? Los dos) que ha caído en manos de los incompetentes irresponsables... o peor aún, de los chorizos que quieren seguir mangoneando y buscan la impunidad, en un caso con una independencia que les permita elegir a su Tribunal Supremo condescendiente, y en otro manteniendo el sistema con un Tribunal Constitucional ad-oc y unas leyes tan fosilizadas como el cerebro de don Tancredo.
En pocas palabras: Chorizos contra Lladres en el Gran Día del Ridículo.
Lamentable. 

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